Hoya Moros

Draco

Siento, al recorrer el camino, los vigilantes ojos de Draco. Su aliento es la brisa que quema mi piel. (Arl)

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Circos comerciales

Grandes ascensiones: circos comerciales.

Cuando en algún rato perdido me da por buscar en la red cualquier cosa que pueda ocurrir entre noticias, personajes, nuevos senderos, ascensiones, etc., difícilmente puedes imaginar encontrarte con reportajes o entradas en blogs de terceros que impacten de la manera en que lo ha hecho el que menciono a continuación.

Uno tiene la sensación, cuando se habla de montaña, de alpinistas, himalayistas o cualquiera otra acepción que creamos conveniente usar, de ver el aspecto lírico de la actividad propiamente dicha. Personalmente tiendo a creer en la limpieza de la actividad y a resumir que en ocasiones el esfuerzo por alcanzar alguna cumbre se reduce a conseguirlo o no, a la fotografía que da fe del objetivo conseguido o la decepción de no haber podido hacerlo y en general el esfuerzo invertido y lo que te has dejado en el camino.

A lo sumo podremos tener en cuenta el coste de vidas que puede llegar a significar, las lesiones irreversibles que sufren los escaladores en los límites de lo imposible o los peligros que esto conlleva. Y así también nos extrañará la irremediable tendencia a insistir en volver a intentarlo si no se consiguió o como  en el caso de Juanito Oiarzabal tratar de repetir -hasta el infinito y más allá- la consecución de techos por encima de los ocho miles, la -no sé si…- ansiada meta de seguir subiendo montañas a los 72 años de Carlos Soria Fontán actualmente intentando el asalto al Dhaulagiri  o el nuevo desafío Everest de Jesús Calleja. Objetivos lícitos al fin y al cabo, pero, ¿buscando qué?, ¿satisfacciones personales o provecho económico?

No pongo en duda la valía de estos individuos tratando de conseguir objetivos de similar naturaleza. Ni siquiera cuestiono la necedad que ayuda a llevarlos allí vía patrocinio de marcado interés comercial. Haré una breve referencia a la polémica suscitada por la evacuación de Juanito, en su última ascensión, por componentes del grupo de Edurne Pasabán y de la cantidad de acusaciones a que se sometieron mutuamente en esas fechas. Ni la controversia de si Edurne era la primera mujer en conseguir los 14 ocho miles sin ayuda de oxigeno. Si cuestiono la validez de los medios empleados en conseguir objetivos a cualquier precio, incluso, por encima de la decencia humana.

En cualquier caso los momentos onírico-montañeros resultan quebrados cuando, volviendo a la intención de esta entrada, chocas frontalmente con el artículo de Jose.GS donde cuestiona como el Everest acaba convirtiéndose en un circo, abriendo perspectivas nuevas sobre las que yo nunca llegué a pensar: los que cayeron en el intento de llegar a la cumbre, el devenir de todos esos cuerpos diseminados en una ruta de locos y cómo acaban convirtiéndose en referencias técnicas de escalada camino de ninguna parte, de la misma manera en que los hitos forman parte de un sendero. Claro, ni es comercial su recuperación ni para esto hay dinero.

Pamearseynochargota, diría mi amigo Pichu.

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