Hoya Moros

Draco

Siento, al recorrer el camino, los vigilantes ojos de Draco. Su aliento es la brisa que quema mi piel. (Arl)

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Calzada romana del Caoru.

Calzada romana del Caoru. Tielve-Arenas de Cabrales – Asturias.

Entre Sotres y Áliva. Atraviesa la Sierra de Portudera. Probablemente ralizada para aprovechar los yacimientos de cobre de las vegas de Coprevidi y Somas. Comienza en las cercanías de Las Arenas de Cabrales, sube por Colláu Castiellu por un camino empedrado hasta l’Altu Plubia en la cumbre de una escarpadura de unos 800 metros, prolongándose hasta Sotres. Hay tramos en buen estado de conservación: El Poyu, H.ou de la Llegüerea, Cuesta Los Cuerres, Posadoriu Las Conchas y Antreh.anu. Llega hasta Áliva. El recorrido puede estimarse en unos 18 km. Las leyendas locales, haciendo alusión al topónimo, dicen que por allí bajaban el oro los romanos o los moros de las minas que tenían en Portudera.

Una sierra casi desconocida para la mayoría de los asturianos es la de Portudera (Puerto de Era), en Cabrales. A través de ella cruza una antigua calzada romana llamada de Caoro (‘Caoru’) o Portudera, que tiene aún varios tramos de empedrado en buen estado, después de tantos siglos, pero que una pista podría destruir en el futuro. Claro que si se quiere hacer un acceso rodado para ir a las majadas, tanto desde Arenas, como por Sotres o Tielve (ya hay una pista hormigonada) sobran lugares paralelos a esa vía. El camino continuaba otrora hacia el Sur, por Vegas de Sotres, Aliva y La Liébana, y hacia el Norte por el valle cabraliego, a la sombra de las sierras de Juan Robre y Cuera, para seguir, tras dejar Ortiguero y La Puente Cima, por el valle de Ardisana y Alto Piedrahita, hasta Cangas de Onís, entroncando así con el Camín de Llanes. Un ramal iba a Muniama y Poo. A ese hermoso lugar, lleno de paz, se puede llegar bien por Arenas de Cabrales, saliendo al final de la población en dirección a la Canal Negra y Poncebos, o desde la carretera AS-114 (de Cangas de Onís a Panes) cerca de la desviación a la central eléctrica y su embalse.

En este caso la actividad cubrirá el camino comprendido entre Tielve y Arenas de Cabrales.

Desde los lavaderos de Tielve cogeremos el camino que asciende hacia los invernales de Rieses, la zona conocida como La Bolera Los Chulos, y finalmente la majada de Valfríu.

Atravesaremos la majada y saldremos con dirección a la Cruz de Entrejanu, donde giraremos a la izquierda y de forma ascendente hasta llegar al Collau Posadoriu, desde donde hay una buena vista de Valfríu, la Peña Maín y parte de los tres macizos que integran los Picos de Europa.

Saldremos de dicho collado con dirección a la majada de Tordín, y de ahí a la fuente de Viñas y al collado Pelliteru, de donde tendremos una maravillosa vista del río Duje y de todo el Macizo Central. Del Pelliteru partimos en dirección de las majadas de Umardo, Tambrín y el Jornal; al salir de la última majada encontraremos un pequeño bosque de hayas y en el camino ya se puede ver el empedrado de la calzada en zig-zag por un encinar que nos conducirá al Collau Castiellu.

En este punto termina la calzada y sigue un bosque de castaños y un camino de tierra hasta el barrio de Cares, donde a 600 m de Arenas de Cabrales finalizará la ruta.

Foz de la Escalada.

Senderismo en Ponga por la Foz de la Escalada y el bosque La Bufona, Taranes – Asturias.

El pueblo de Taranes es el inicio de esta ruta senderista por el parque natural de Ponga. Taranes se sitúa a una altitud de 600 metros bajo las estribaciones septentrionales del Tiatordos al que se llega por medio de la carretera local PO-4 que dista unos 3 kilómetros de la carretera AS-261 a su paso por Mestas. Está fracturado por los barrios de Tresvilla, La Barrosa y La Llera y su topónimo que proviene del dios celta de trueno Taranis.

Taranes se reparte con unas 80 casas y 12 hórreos entre hermosas vegas y a lo largo de la soleada ladera del la loma de La Llambria. Varias caleyas delimitan de manera anárquica la malla urbana con edificaciones que enriquecen la arquitectura tradicional de Ponga. Sus habitantes, la mayoría de edad madura, se dedican a la ganadería como actividad económica básica.

Desde las primeras casas del barrio de Tresvilla acometemos la marcha con rumbo occidental yendo por un camino carretero que vadea el río cerca de un antiguo molino. Se asciende por la margen opuesta bajo los farallones de la peña Soancio yendo directamente hacia la entrada de la Foz de la Escalada, apretada barrancada surcada por el tumultuoso río de la Escalada. Justamente allí hemos de atravesar a la margen opuesta del arroyo por un rústico puente de piedra remontando el sinuoso camino empedrado, en medio de un paraje de excepcional belleza. La angostura del barranco engulle simultáneamente al camino, al río y al senderista que se interna en el mundo fantástico del agua que se desploma estrepitosamente de las paredes de la montaña Más adelante observamos la sucesión de cascadas del río que surgen con gran estruendo.

Seguimos avanzando con sostenida remontada por los requiebros del sendero que asciende superando un gran desnivel y provisto de una barandilla de hierro que protege al caminante de una posible caída hacia el cauce del río. Más adelante dejamos atrás la entalladura mientras que la ladra de la montaña se va poblando de un pequeño bosque de hayas que profundiza hasta en la majada del Fresno (1.000 m.) (3 km. en 1 h. de marcha). Esta es una antigua majada, ahora abandonada e instalada en la encrucijada de caminos.
Por la derecha arranca la ruta de La Llambria que se pierde por los contrafuertes de Daón y Piegüé, destino que hemos de soslayar para abordar por la izquierda el sendero de menor traza que se dirige al arroyo cruzándolo por un rudimentario puente de madera. Aquí comienza la aventura del bosque, la gran masa de hayas que se extiende a lo largo del Monte La Bufona. A lo largo del mismo, el camino sube con gran desnivel y muy marcado entre grandes ejemplares de árboles que custodian una variada «avifauna» de los bosques astures. Vamos ganado en altitud «bufando agitadamente» (según relatan los lugareños, de ahí el topónimo que da nombre al bosque), entre el gran esfuerzo físico. Más arriba hemos de cruzar a la vera de una gran cueva que sirve de abrigo en caso de tormentas, prosiguiendo con la ascensión a la sombra del bosque que se va aclarando cuando coronamos la collada de Sonsierra, límite superior de la mancha forestal (1.279 m.) (4, 8 km. en 1 h. y 40 min. de marcha). Un cierre pastoril nos da paso al camino que se prolonga hacia los pastizales de Entriegüé, a los Fitos y a la comarca casina de Pendones.

Desde Sonsierra contemplamos las estupendas imágenes de las montañas colindantes, Soancio, Campigüeños, La Llambria, etcétera, que configuran un circo de origen glaciar coronado por la montaña del Tiatordos. Retornamos al punto de partida en Taranes por el camino de ascenso.

  • Al igual que el anterior, las gracias al Agüelo Astur.

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